•Buenos
días, habitantes. ¿Cómo va la fiesta?
▪Good
morning, residents. How's the party going?
Click para ampliar / Click to enlarge
•Buenos
días, habitantes. ¿Cómo va la fiesta?
▪Good
morning, residents. How's the party going?
Hola, habitante. Aún estás a tiempo de visitar la exposición de la colección privada de Margarita Aizpuru, crítica de arte, investigadora, docente y coleccionista de piezas singulares. Sigue abierta hasta el día 11.
Si tienes la suerte de pasar estos días por Lepe, Huelva, no dejes de visitarla en la galería John Holland. Es muy particular, escogida con detalle, sorprendente, magnífica.
Te encontrarás también con una de mis obras, MUJER AZUL (II). A disfrutar.
It was rare for a human to approach us. By then, any figure advancing straight toward you could only mean one thing: danger. We had been hunted for months. Ever since one of our own perpetrated that massacre, the distinction between the guilty and the species had vanished.
Permits and licenses were no longer necessary. Sighting us was enough. To see us was to take us down.
I was crouched in an alley, back pressed against an open dumpster. Then, they appeared. Walking without haste, without fear, a camera in hand. They spoke to me as if nothing had broken, with a voice of fluid density—something my sensors failed to classify as a threat.
They said they took portraits of fugitive androids. I didn't ask what for, or why. I asked nothing. I accepted.
In the studio, the silence was absolute, broken only by the heat of the spotlights liquefying my surface. I moved like a piece of scrap metal under their direction.
This is the result.
It is not an image. It is the trace of the last time someone looked at me without calculating the shot. Without opening fire.
© Max NitrofoskaFragmento 1:
No era frecuente que un humano se nos acercase. A esas alturas, cualquier figura que avanzara recta hacia ti solo podía significar una cosa: peligro. Llevábamos meses en busca y captura. Desde que uno de los nuestros perpetró aquella matanza y dejó de haber diferencia entre culpable y especie.
Ya no hacían falta permisos ni licencias. Bastaba con vernos. Y abatirnos.
Yo estaba agazapado en un callejón, con la espalda pegada a un contenedor abierto. Entonces apareció. Caminaba sin prisa, sin miedo, con una cámara en la mano. Me habló como si nada se hubiera roto, con una voz de densidad fluida, algo que mis sensores no supieron clasificar como amenaza.
Dijo que hacía retratos de androides fugitivos. No pregunté para qué, ni por qué. No pregunté nada. Acepté.
En su estudio, el silencio era absoluto, roto solo por el calor de los focos que me licuaban la superficie. Me movía como una pieza de desguace bajo su dirección.
Este es el resultado.
No es una imagen. Es el rastro de la última vez que alguien me miró sin calcular el disparo. Sin abrir fuego.
© Max Nitrofoska
Hola, habitantes. ¿Cómo se presenta la semana?
Hello everyone, how is the week looking?
Buenos días, habitante. ¿Cómo empieza el domingo?
Te propongo una forma de mejorarlo. Mi videopoemario. Algo que nunca has visto hasta ahora. Y eso no es decir poco.
Puedes ver los 3 primeros videopoemas GRATIS. Pero tu domingo mejorará aún más si lo ves ENTERO. Nos ayudas a que sigamos en la brecha y dejarás de pasar de puntillas por lo que despierta tu interés.
En este ➡️ ENLACE
Hola, habitantes. Nos llegan las primeras fotos del evento de presentación de mi nuevo videopoemario, SUEÑO CON GRANDES SUPERFICIES LISAS, a cargo de la editorial LAS 15 LETRAS el pasado sábado 21. Aquí se las traigo.
Todas las fotos, obra del organismo avanzado Daniel Muaré
➡️ El videopoemario en este ENLACE ⬅️
Donald Trump, while fantasizing about turning the ruins of Gaza into luxury tourist resorts and planning who should govern an Iran under his bombs, allows himself the luxury of debating whether Messi is superior to Pelé.
The presence of Messi and Inter Miami at the White House was not an inevitable protocol act. It was an injection of symbolic capital for a leader who devours the image of others to feed his own mythomania. One must wonder what the thousands of immigrants pursued and deported without mercy by ICE must have felt upon seeing the Argentine star smiling and shaking hands with the executioner of their rights.
Messi, with his attendance, validated a spectacle he could have avoided with the same coldness with which he rejected Joe Biden's invitation in January 2025 to receive the Presidential Medal of Freedom. If he could be absent then, his presence now admits only one reading: connivance, validation, and agreement.
I would add: disgust, shame, rage, and rot.
The comparison leaves Messi in a dark place. In 2019, Megan Rapinoe and the US women's national team snubbed Trump after winning the World Cup. The president labeled them «left-wing maniacs», but for Messi, he offered the praise of a fanatic. The Argentine captain, who usually leaves his rivals exposed on the pitch, was caught this time in a moral «offside» from which it is difficult to emerge unscathed. Whether by conviction or due to the obligations of a World Cup that reeks of corruption, his figure became linked to a person of infected morality.
Meanwhile, Infantino's FIFA continues to rub its hands with the revenue, ignoring that the world burns under missiles that tear children apart in Lebanon, Gaza, or Iran. There is an unbearable double standard: Russia was sanctioned for Ukraine, yet the red carpet remains for an empire that has turned the planet into an unbreathable place. The infrastructure of Mexico or Canada would be a sufficient alternative for a World Cup that should not be stained with the blood of military operations like «Epic Fury», where schools are turned into rubble.
Trump and Netanyahu are real threats to global stability. Messi, a figure with incalculable reach, chose a photo that no one forced him to take. It is difficult not to compare him with Maradona, who did not hesitate to decline the invitation of Charles of England to visit Buckingham Palace. «His hands are stained with blood», he said. Diego knew where he should not be. Messi, instead, has preferred to smile and joke in the Oval Office and gift his jersey to Donald Trump. He should limit himself to leading on the field and avoid becoming the advertising shield for a system that suffocates the world.
As the great Albert Camus, Nobel Prize in Literature, said: «Everything I know most surely about the morality and obligations of men, I learned from football».
Go home, Messi.
By Max Nitrofoska
La reciente visita del astro futbolístico a la Casa Blanca
Donald Trump, mientras fantasea con convertir las ruinas de Gaza en complejos turísticos de lujo y va planeando quién debe gobernar un Irán bajo sus bombas, se permite el lujo de debatir si Messi es superior a Pelé.
La presencia de Messi y el Inter Miami en la Casa Blanca no fue un acto protocolario inevitable. Fue una inyección de capital simbólico para un líder que devora la imagen ajena para alimentar su propia mitomanía. Cabe preguntarse qué habrán sentido los miles de inmigrantes que el ICE persigue y deporta sin miramientos al ver al astro argentino sonreír y dar la mano al verdugo de sus derechos. Messi, con su asistencia, validó un espectáculo que podría haber esquivado con la misma frialdad con la que rechazó la invitación de Joe Biden en enero de 2025 para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad. Si entonces pudo faltar, su presencia ahora solo admite una lectura: la connivencia, la validación, el acuerdo.
Añadiría: asco, vergüenza, rabia, putrefacción.
La comparación deja a Messi en un lugar sombrío. En 2019, Megan Rapinoe y la selección femenina de EE. UU. plantaron a Trump tras ganar el Mundial. El presidente las tachó de «maníacas de izquierda», pero a Messi le dedicó halagos de fanático. El capitán argentino, que suele dejar en evidencia a sus rivales con el balón, quedó esta vez en un «offside» moral del que es difícil salir ileso. Ya sea por convicción o por las obligaciones de un Mundial que huele a corrupción, su figura quedó ligada a un personaje de moralidad infecta.
Mientras tanto, la FIFA de Infantino sigue frotándose las manos con la recaudación, ignorando que el mundo arde bajo misiles que despedazan niños en el Líbano, Gaza o Irán. Existe un doble rasero insoportable: se sancionó a Rusia por Ucrania, pero se mantiene la alfombra roja para un imperio que ha convertido el planeta en un lugar irrespirable. La infraestructura de México o Canadá sería alternativa suficiente para un Mundial que no debería mancharse con la sangre de operaciones bélicas como «Furia Épica», donde las escuelas se convierten en escombros.
Trump y Netanyahu son amenazas reales para la estabilidad global. Messi, una figura con un alcance incalculable, eligió una foto que nadie le obligaba a hacerse. Es difícil no compararlo con Maradona, quien no dudó en declinar la invitación de Carlos de Inglaterra para visitar el Palacio de Buckingham. «Sus manos están manchadas de sangre», dijo. Diego sabía dónde no debía estar. Messi, en cambio, ha preferido sonreir y bromear en el Salón Oval y regalarle su camiseta a Donald Trump. Debería limitarse a liderar en la cancha y evitar convertirse en el escudo publicitario de un sistema que asfixia al mundo.
Como dijo el gran Albert Camus, premio Nobel de literatura: «Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres lo aprendí jugando al fútbol».
Go home, Messi.
Texto: Max Nitrofoska
Buenos días, habitantes. En nuestro Club de Lectura LA HERMOSILLA, este jueves 26 tendremos la suerte de contar con la presencia de Jorge Matías, el autor de LA FRONTERA AZUL, un viaje melancólico por la memoria y la pérdida escrito sin adornos, desde los huesos.
Reserva tu plaza en: lahermosilla.actividades@gmail.com
Solo se pide adquirir un libro en la librería.
Hasta pronto.